Por: Redacción

 

Paquita, Julia, Félix, Miguel, Lourdes, Juano y Abel en el antiguo horno de Guijosa.

Mojares, un pueblo que durante muchos años parecía abocado a desaparecer está volviendo en los últimos años a la vida. Situado en una ladera a unos 6 km. de Sigüenza, desde allí se pueden distinguir a lo lejos los pueblos de Alcuneza y de Cubillas. Mojares cobra vida de nuevo con el regreso de algunos antiguos vecinos ya jubilados, la llegada de otros nuevos y el impulso de nuevas iniciativas, como una casa rural y un hostal-restaurante.

Este verano los vecinos han arreglado la iglesia trabajando de manera altruista. La actual iglesia se construyó en 1928, anteriormente había otra, junto al cementerio, que se derrumbó con el tiempo. Además del arreglo de la iglesia se ha adecentado el firme del pueblo, se han puesto bancos y se ha recuperado el horno antiguo. Este local se ha habilitado para hacer las comidas comunales y hay una pequeña barra para tomar el vermouth.

 

La iglesia de Guijosa recién restaurada.

Esto nos lo explica Abel Peregrina, alcalde recientemente nombrado, al tiempo que, junto a su esposa Paquita, nos abre la puerta de la iglesia. “Se ha reformado con la colaboración de todos los vecinos y con pocos posibles, trabajando todos”. Nos habla del pasado del pueblo: “En mi época, en los años 50, iban hasta 20 chicos a la escuela de Mojares”. Hace 50 años Mojares se despobló casi por competo, “las personas mayores se fueron y no había trabajo ni aquí ni en Sigüenza por lo que tuvimos que emigrar. Yo me quedé aquí hasta hacer la mili, luego ya no volví, trabajaba en la huerta del obispo, en la vía de tren, en donde podía”. Prácticamente el pueblo se quedó vacio.

Nos habla sobre sus motivos para la vuelta al pueblo: “Yo trabajaba en Madrid como taxista y al jubilarme, he decidido volver aquí. Abel y su mujer llevan ya dos años viviendo aquí, van a Madrid y vuelven por la tarde, aunque “en invierno a veces hay días malos y la mujer no quiere venir y nos quedamos en Madrid”.

Hay otros que viven en Sigüenza pero vienen aquí los fines de semana a ocuparse de los huertos. Uno de ellos es  Félix, el “Moli” para los amigos, antiguo molinero y carpintero de profesión tiene en Mojares un huerto familiar en el que trabaja él, ya jubilado, y su hija. Con él nos acercamos al pueblo y quien nos presenta a sus actuales habitantes. Su relación con Mojares viene de su mujer que es del pueblo, él nació en Molina de Aragón y se crió en Taravilla. Félix se ha encargado de los trabajos relacionados con la madera en la rehabilitación de la iglesia y del antiguo horno.

Otros de los habitantes de Mojares son Miguel y Julia. Residían hasta hace dos años en Barcelona y al jubilarse decidieron asentaron en el pueblo. Preguntamos a Julia sobre el cambio y nos habla del atractivo de la vida en contacto con la naturaleza. “Pueden verse corzos junto al pueblo y durante el invierno nos visitaba regularmente un zorro al que dábamos comida”.

 

Lourdes y Juanjo en la Posada del Dulce Sueño.

Los últimos que de momento han aparecido por Mojares son Lourdes y Juanjo, una pareja joven deseosa de emprender una nueva clase de vida. Son los artífices de la Posada del Dulce Sueño, una casa rural que acaba de inaugurarse. Ya tienen las primeras reservas hechas. Para la casa rural han aprovechado la planta de una antigua fragua taller que han recrecido y añadido una segunda planta. Consta de cinco habitaciones, una de ellas adaptada para discapacitados. Lourdes y Juanjo después de trabajar en diferentes lugares en Madrid se embarcaron en este proyecto en 2003. Con unos ahorros y con una meta en mente han podido hacer realidad lo que era su sueño. “Madrid cuando tienes 20 años es una maravilla pero cuando tienes 40 ya puede llegar a ser un infierno. Además ha cambiado a peor en los últimos años”. Tanto Lourdes, con familia en Sigüenza, como Juanjo, su padre es de Atienza y su madre de Gajanejos, tienen sangre alcarreña, y aunque al principio pensaban trasladarse más hacia el norte, unos amigos suyos de Sigüenza, les animaron a favór de esta zona. “Recorrimos las pedanías, dimos con esta, nos gustó, eran 700 metros y además tenía huerta, localizamos al dueño...” Tienen su casa junto a la casa rural y plantean una vida muy diferente de la de gran ciudad: ya han plantado unas tomateras, “algún tomate ya nos hemos tomado”, y piensan en muchas cosas más. Todo lo hacen con sus propias manos.

 

Fiesta de Guijosa celebrada el 15 de septiembre.

Otra de las iniciativas que sin duda contribuirá a revitalizar el pueblo es un hostal restaurante que está previsto que empiece a funcionar a principios de mes. El proyecto es de una conocida familia seguntina, la familia Moreno, conocida por una tienda de textil de toda la vidad situada frente a la catedral. Hablamos de este proyecto con Miguel Moreno. “Tenemos pensado para finales de año o principios del nuevo terminar el restaurante e irnos a vivir allí. Elegimos Mojares porque es un pueblo tranquilo, nos gustó y compramos una parcela allí. El pueblo está cambiando, cuando empezamos a mirar, allí quedaban dos casas”.

El hostal es de dos plantas, 600 metros en total. Abajo estará el restaurante y arriba en su momento saldrán 6 habitaciones con su salón. De momento piensan abrir el restaurante y cuando puedan abriran también ls parte de arriba. “Va a ser un negocio familiar, un restaurante de comida típica casera de calidad”. Llevan seis años, desde que compraron, dedicados a licencias, permisos, obra. Ahora les faltan pequeños remates para poder arrancar.