
Julio Montoya Villarroya, durante la entrevista.
Julio Montoya Villarroya nació en 1949 en Sigüenza donde comenzó sus primeros estudios en las antiguas Escuelas Nacionales. Es hijo del conocido médico José Montoya de grato recuerdo en la ciudad del Doncel. Durante cinco años participó en EE UU en las investigaciones básicas que llevaron al conocimiento completo del genoma mitocondrial humano. En la actualidad trabaja en la Universidad de Zaragoza en un proyecto mucho mas aplicado, y derivado del anterior, como es el campo de las enfermedades mitocondriales. Ha creado un Servicio de Diagnóstico Genético de Enfermedades Mitocondriales Humanas a nivel nacional y busca las mutaciones que producen estas enfermedades genéticas. Recientemente ha recibido el Premio “Aragón investiga” a la excelencia investigadora por su trabajo durante 25 años sobre el sistema genético mitocondrial.
Nos citamos con Julio Montoya en el vestíbulo de la nueva estación del ferrocarril de Zaragoza situada en los aledaños del recinto de la próxima a inaugurar Exposición Universal. Amablemente se prestó a concedernos algo de su escaso tiempo para hablar sobre su trabajo en el campo de la investigación científica. En primer lugar quisimos que nos contara algo sobre sus recuerdos de Sigüenza.
Ahora mismo tengo la imagen de una Plaza Mayor de arena en la que estamos jugando a las canicas. Recuerdo a mucha gente pero pocos nombres. Tengo buen recuerdo de dos profesores: Rafaela de las Heras que me cogió de pequeñito, de párvulos, y Carlos Ferro, era una persona que ponía mucho énfasis en que aprendieras, en que ejercitaras mucho la memoria. Enseñaba como hacer agua de hidrógeno y oxígeno, vete a saber si a partir de eso me viene la afición a la investigación. Recuerdo la zona delantera de la catedral, en las aceras con señoras vendiendo con las canastas la fruta. Recuerdo a la señora Teresa, a la que llamaban la “Cagarreales”, los meloneros que venían de Valencia... Me acuerdo perfectamente de que a mitad de agosto se bajaba a las verbenas y a los fuegos artificiales de la Alameda con abrigo y manta porque hacía un frío que pelaba. Recuerdo que para llegar a mi casa, que estaba en la Plaza Mayor 5 se hacía un camino entre la nieve para llegar al ayuntamiento y recuerdo la nieve por encima de mí. Ha cambiado mucho la climatología desde entonces. Me acuerdo de ver a chicos tirando piedras por una ventana a la capilla donde está el Doncel, aquello lo vio Camón Aznar, que veraneaba en Sigüenza y clamó al cielo diciendo que aquello tenía que protegerse. Estos son algunos de los recuerdos que tengo... A estudiar el bachiller nos fuimos los tres hermanos fuera, a los agustinos de Zaragoza. Allí hicimos el bachillerato y luego cada uno tiró para su lado. Gerardo hizo la primera parte de Medicina en Zaragoza y la parte clínica en Madrid; Néstor hizo Derecho aquí en Zaragoza, yo hice selectividad en Zaragoza y me fui a estudiar Farmacia en Madrid.
¿Cuál ha sido tu trayectoria profesional?
– Recuerdo que cuando llegué a Madrid a hacer Farmacia me presenté en el departamento de bioquímica, me fui a hablar con el catedrático, que era compañero de mi madre, y le dije que quería entrar allí para hacer bioquímica. Se me quedó mirando cómo pensando que era un ingenuo y me dijo: “primero estudia y luego hablaremos”. Hice Farmacia y cuando llegué a 5º año pedí entrar en ese departamento como alumno interno, me dieron una beca e hice la tesis doctoral allí en Madrid.
Una vez terminada la tesis me fui a la industria farmacéutica a unos laboratorios privado porque quedarse en la Universidad estaba muy difícil por aquel entonces. Pero al año siguiente, al no convencerme lo que hacía en la compañía farmacéutica, volví a la Universidad. Pasé de ganar mucho dinero a ganar poco. Allí me cogió mi director de tesis con la condición de que me tenía que ir a EE UU a hacer una formación post doctorado. Yo estaba encantado, me apetecía irme y tuve la suerte de ir al Instituto de Tecnología de California donde me aceptó un grupo internacionalmente conocido, dirigido por Giussepe Attardi que ha sido candidato al premio Nobel muchas veces y no se lo han dado porque es un científico puro y poco dado a las relaciones públicas. Me fui allí en 1979 a los 29 años y tuve la fortuna de participar en el Proyecto Genoma Mitocondríal que se describe por primera vez entre 1981 y 1983 y los artículos aparecieron en la prestigiosa revista Nature.
Estuve 5 años y luego volví a la Universidad de Zaragoza, al departamento de bioquímica y biología molecular de la Facultad de Veterinaria donde tengo mi laboratorio. Doy clase en Medicina, Ciencia y Veterinaria. Para mi es importante la vertiente pedagógica, el gran problema es que damos demasiadas clases, creo que a los que hacemos investigación nos deberían reducir el número para tener más tiempo. En cuanto a la investigación, tenemos un grupo de trabajo en el laboratorio, somos 13 personas contando los profesores, gente joven interesadísima.
¿Qué es el sistema mitocondrial y cuál es su importancia?
– Cuando alguien profano me pregunta qué es el sistema mitocondrial pongo el ejemplo de que si el cuerpo humano fuera una ciudad, las mitocondrias serían la central energética, la que daría energía a la ciudad para que pudiera funcionar. La mitocondria convierte la energía de los alimentos en una energía a la que llamamos ATP, que la célula utiliza para que funcionen los diversos órganos.
¿Cómo se relacionan estos conocimientos con la identificación de las enfermedades?
– Las enfermedades mitocondriales son muy complejas, tremendamente difíciles de diagnosticar, hace falta muchos especialistas para hacerlo. Hoy día se conocen muchas enfermedades mitocondriales y se pueden buscar mutaciones en genes determinados que sabemos que causan la enfermedad.
Cuando hay un individuo que tiene una enfermedad de nuevo tipo o no encontramos mutaciones esperadas, buscamos si tiene nuevas mutaciones que no hayan sido descritas. Si tiene la mutación cabe la posibilidad de que sea la causante de la enfermedad, pero hay que demostrarlo. Para ello, lo que hacemos es coger células humanas que crecen in vitro a las que se les ha quitado el DNA mitocondrial. Y les metemos por medio de una técnica especial las mitocondrias de pacientes que presentan mutaciones en el DNA mitocondrial. Entonces tenemos células en cultivo que están con su núcleo normal excepto en la mitocondria que son las de los pacientes. Analizamos el metabolismo de esas células y vemos los fallos que produce la introducción de este DNA con mutaciones; si los hay, podemos concluir que la mutación es la causa de la enfermedad.
Las enfermedades mitocondriales se encuadran dentro de las enfermedades poco frecuentes o raras, pero la mitocondria seguro que va a estar implicada en procesos tan importantes como la diabetes, la obesidad, el ELA, el Alzheimer, el cáncer. Va a estar implicada prácticamente en todo, y hay una razón fundamental: si la mitocondria es la central energética de la ciudad y si en la ciudad le cortas un cable en una calle, esto afecta a gran parte de la ciudad, es decir que si te pasa algo que está relacionado con la energía, al resto del organismo le va a afectar. Luego de alguna manera muchísimas enfermedades, y sobre todo las relacionadas con la edad, van a estar relacionadas con la mitocondria.
¿Por qué se producen las mutaciones?
– No se sabe muy bien. Tendríamos que hablar de los dos tipos de genomas que tenemos: el genoma nuclear y el genoma mitocondrial; el primero tiene menos mutaciones que el segundo, el mitocondrial muta como 20 veces más que el nuclear porque en la mitocondria se produce un producto de desecho muy dañino que son los radicales libres de oxígeno. Estos radicales dañan a todo tipo de moléculas, a las proteínas, a las membranas, al DNA. Como el DNA está en el mismo compartimento que están los radicales libres, le atacan y produce mutaciones.
Esta es una causa mecánica, física pero está claro que todos nosotros tendemos a mutar, quizá por un proceso de evolución. Mutación implica evolución, adaptación a algo, la mutación es una cosa natural. El entorno se va haciendo hostil, tu tienes que adaptarte a él. Si las mutaciones son muy negativas, esos individuos desaparecen, muchos ni nacen, si no son muy dañinas te producen una enfermedad que puede ser de menor o mayor grado. Y hay otras mutaciones que se establecen sin producir daño alguno. Muchas de ellas pueden ayudar a la adaptación al entorno y a la evolución de los organismos vivos.
¿Qué son las variantes del DNA mitocondrial?
Una de las teoría actuales es que el DNA mitocondrial del hombre moderno procede de hace unos 200.000 años, de la llamada Eva mitocondrial o negra. Esta teoría afirma que todos nosotros descendemos de unas mujeres que vivieron en el sur de África hace unos 200.000 años. Esta gente fue emigrando hacia el norte y se extendieron por todas partes. Al ir pasando por diferentes zonas se han ido produciendo determinadas mutaciones, de forma que hoy en día a los individuos de la tierra los podemos dividir en variantes genómicas diferentes, llamados haplogrupos. Cada uno tenemos determinados haplogrupos. Tu DNA puede ser diferente que el mío, si es igual es posible que tengamos un ancestro femenino común.
Eso quiere decir qué es la Eva de la Biblia, ¿que procedemos de una sola mujer?
– No. Podría haber millones de mujeres que tuvieran el mismo DNA mitocondrial pero podría haber muchos DNA mitocondriales diferentes que se han perdido, ¿Por qué? porque se heredan a través de la madre. El de mi madre se pierde con nosotros porque sus hijos somos todos varones, un DNA mitocondrial perdido.
Es muy curioso porque estudiar el genoma mitocondrial y las variantes del genoma mitocondrial da un poco idea de la historia de las migraciones de las mujeres. En general los hombres iban a las guerras, conquistaban los países y se casaban con las mujeres del lugar, con lo que los genes mitocondriales eran los de las mujeres del lugar.
En Europa hay 9 haplogrupos diferentes. Antes se creía que estas variantes genómicas eran inocuas. Sin embargo, hoy en día no pensamos esto, no es lo mismo que tengamos una variante u otra de DNA mitocondrial. El DNA mitocondrial está relacionado con la producción de energía de la célula, si tú tienes una variante de DNA mitocondrial llamémosle buena, tus niveles de producción de energía serán de ese nivel. Con la edad empiezas a producir menos energía pero si partes de un nivel muy alto tendrás más reservas. El tipo de genoma mitocondrial que tenemos puede afectar la aparición de enfermedades mitocondriales y relacionadas con la edad.
¿Qué aplicación práctica tienen estas investigaciones?
– Lo que estamos haciendo es, con estas variantes genéticas de diferentes individuos, crear modelos celulares diferentes, creamos células con su genoma diferente. Lo que vamos a intentar hacer es crear fármacos que tengan dianas en la ruta metabólica que produce la energía, de forma que de alguna manera podamos incidir para que produzcamos más energía (la que llamamos ATP), esa sería la idea global. Si un individuo disminuye su nivel de energía y le produce una enfermedad, podriamos tatar de paliarla aumentando este nivel. Estamos en una fase de identificación de pacientes, descubrir las enfermedades y crear un fármaco que pueda curar o paliar la enfermedad.
En la actualidad se empieza a pensar en el medicamento a la carta. Con el dolor de cabeza, a mi me puede hacer efecto la aspirina y a ti, no, porque podemos tener genes de predisposición para ello. Llegará un día que habrá que estudiar la farmacogenética de un individuo para saber que hay que darle. Sin embargo, y a la larga, lo que sería ideal sería conseguir un cambio genético introduciendo algún gen que le pueda producir la proteína que está dañada y corregir la enfermedad. Esto que parecía muy próximo, es un ideal utópico que de momento no se ha conseguido porque si tú metes un gen en el nucleo, el gen se va integrar en el DNA pero se puede integrar al azar. Depende del sitio donde se integre, a lo mejor para producir la proteína puede ser bueno pero está dañando otros procesos.
¿Crees que está demostrada la teoría de la evolución? ¿Qué opinas de las teorías creacionistas?
No creo en las teorías creacionistas, está clarísimo que estamos evolucionando. Darwin no tenía razón en todo pero sus teorías se están demostrando. Desde que partimos de los conocimientos de los genes y podemos comparar genes desde organismos primitivos a organismos superiores nos damos cuenta que son similares. Hay un 95% de genes que son similares en el hombre y en el pollo, luego hay un 5% de genes que a uno le hacen hombre y a otro le hacen pollo.
La conciencia es claramente un desarrollo del cerebro, y este se ha creado por evolución. El hombre es de los animales que más tarda en desarrollarse, entonces el cerebro se va desarrollando muy poco a poco. Es muy posible que ese desarrollo lento del cerebro haga que lleguemos a comprender cosas que otros animales no pueden llegar.
¿Qué piensas de las cuestiones éticas que hay planteadas en asuntos como la clonación?
– La ética hay que tenerla en cuenta, hay unos límites que los tenemos que establecer nosotros. Yo creo que clonar personas es una estupidez, si yo me quiero clonar a mi mismo, cosa que en el hombre no se ha hecho todavía pero si en algunos animales, esa persona no sería igual que yo, porque habrá nacido en el año 2008 en vez de en el año 1949, el entorno familiar en que se desarrolle será diferente, la sociedad también... La utilización de células madre para crear embriones es un tema muy polémico. Si los adultos tenemos células madre, que parece ser que sí, serían el material ideal para su utilización porque no plantearía ningún problema ético. Pero las células madre que están en los primeros estadios del embrión, eso son los que plantean problemas éticos. Pero el problema que se plantea es qué hacer con los millones de embriones fertilizados guardados en congeladores que nunca se van a utilizar. Soy muy abierto en esto pero siempre hay que mantener unos principios éticos. Con la genética pasa como con la energía nuclear, te diría que las dos cosas son buenas, pero pueden ser también malas. La genética puede curar enfermedades que hoy día es impensable. Y puede ser mala por emplearla mal.
En cuanto a la producción de animales transgénicos de experimentación, consistente en quitar o meter genes, te van a dar idea del funcionamiento del animal, es científicamente fabuloso. Esa experimentación con ratas de laboratorio no tiene ningún problema. En cuanto a animales y plantas para el consumo humano, no es fácil contestar, en un principio no estoy en contra siempre y cuando haya suficiente información y la gente pueda elegir.
¿En qué momento está la investigación en España?
Creo que el momento para investigar es bueno, tanto en Aragón, donde el gobierno ha cuadriplicado en los últimos años las dotaciones para investigar, como a nivel nacional. Ahora estamos ante la expectativa de un nuevo Ministerio de Ciencia e Innovación; hay dinero, y yo creo que si pides un proyecto que tenga una base científica clara y que esté arropado por un curriculum en el que demuestras que puedes realizar lo que piensas hacer, es muy probable que consigas dinero.
¿Qué opinas de los contratos “Ramón y Cajal”?
– Son contratos muy especiales diseñados para traer a gente que está en el extranjero a España. Me parece una buena medida pero el problema es lo que ocurre con los beneficiados cuando se acaban los cinco años de contrato. Ha habido problemas porque algunas universidades no han querido contratarlos pero parece que se va solucionando. Ahora están más restringidos y hacen comprometerse a las universidades que aceptan un “Ramón y Cajal” a volverles a contratar. Como consecuencia la universidad pide menos contratos pero sabe que el que pide, lo va a contratar.