Al madrileño Javier Reverte le ha saludado el éxito editorial a través de sus excelentes libros de viajes, especialmente los que cuentan su experiencia en el continente africano, como El sueño de Africa o Vagabundo en Africa. Hermano del también escritor Jorge Martínez Reverte, estudió filosofía y periodismo para después pasar años ejerciendo como profesional de la prensa en información y corresponsalías varias. Es autor también de novelas como La noche dormida o El médico de Ifni. Ahora nos ofrece esta historia sumida en los duros años del despertar de la España franquista. Unos hechos reales: Terminada la guerra civil, dos jóvenes sacerdotes polacos llegaron a España, uno a Madrid y otro a Barcelona. Procedían de Italia, a adonde habían llegado huyendo del comunismo instalado en su país. Contaban con el beneplácito de la jerarquía católica por lo que se llegada no supuso ningún problema ni les generó molestias por parte de las autoridades. Ambos sacerdotes tenían contacto con las recientemente creadas hermandades Obreras de Acción Católica (HOAC), cuya finalidad era hacer apostolado entre la clase obrera en dura competencia con los comunistas, con los que, sin embargo, colaboraban en una serie de reivindicaciones, como el derecho a la huelga de los trabajadores. Tal actividad era considerada muy contraria a´los principios políticos de entonces, lo que les convertía en enemigos del régimen y peligrosos elementos subversivos. El final de ambos religiosos es difícil de concretar, porque la información es escasa y, al parecer, la Iglesia ha sido remisa en colaborar con la investigación del autor sobre los hechos. Parece ser que uno de ellos consiguió huir de España antes de ser detenido, y el otro no tuvo tanta suerte y fue detenido y posteriormente ejecutado por la policía, tal vez con la aquiescencia del entonces obispo de Madrid y Patriarca de las Indias Occidentales, el académico Leopoldo Eijo y Garay, el hombre fuerte de la Iglesia en los años cincuenta.
Hasta aquí la historia. Con estos elementos Reverte ha logrado armar un largo relato que retrata la época con mucha fidelidad y consistencia. Por supuesto, la pequeña historia que se narra es prácticamente ficticia, llena de personajes imaginarios que responden perfectamente a los arquetipos de los hombres y mujeres de por aquélla. Pero junto a ellos aparecen otros seres que fueron santo y seña y que, en verdad, constituyen el alma de la novela. Entre ellos, a destacar la figura del eminente Eijo y Garay, implacable perseguidor de impíos y adalid del sometimiento del poder civil al eclesiástico. Los elementos, pues, responden a la realidad objetiva de los tiempos, y el resultado es una interesantísima visión de nuestro pasado, narrada con eficaz pulso narrativo, en el que predominan la agilidad y, la ironía, dentro de un ritmo con cierto aire de intriga y en el que se respira solapadamente un cierto aire de revancha y pequeño ajuste de cuentas con aquellos tiempos, aquél sistema y aquellos personajes que marcaron los primeros años de la vida de la generación del autor. Entretenido y de fácil lectura, el libro analiza los acontecimientos con frescura y el realismo al que rinde tributo hace muy creíble su contenido. Por ello su lectura es recomendable, especialmente para aquellos que no conocieron en primera persona aquellos ya lejanos año.