Por: Javier Serrano Copete

 

A orillas de un recién nacido río Tajuña, en el hocín u angosto (“angustus”) que, etimológicamente, justifica su nombre, se encuentra Anguita, centro neurálgico del antiguo Común de Villa y Tierra de Medinaceli, posterior Ducado, y lugar clave de la conocida como “Celtiberia nuclear”.

Se mire por donde se mire, Anguita es un lugar poblado desde tiempos antiquísimos; hallazgos en los diferentes hocines del lugar (destacar la Cueva de la Mora y sus grabados y la Covatilla), así como en diferentes lugares sitos en las pedanías del municipio (destacar la Cueva de la Hoz, en Santa María del Espino (antigua Rata) o el dolmen y menhires de Aguilar de Anguita), así lo corroboran.

Muy digno de destacar es que Anguita, y su zona, constituyen uno de los lugares con mayor densidad en lo que a restos de la cultura celtibérica se refiere. Según la más autorizada doctrina, al respecto un clásico de la entidad de Bosch Gimpera, Anguita fue poblada por los arévacos (al igual que Segontia o la célebre Numancia). Aunque siguen existiendo dudas al respecto, fuere cual fuera la tribu que pobló el lugar, es evidente que Anguita fue para ellos un enclave muy preciado. El castro del Hocincavero (o “Castillejos”), del Castillejo, poblado de la Cera y la necrópolis de “el Altillo”, la más extensa de toda la Celtiberia –estos tres últimos en término de Aguilar de Anguita– así lo testimonian (habiendo indicios de otro poblado celtíbero, bajo la actual Anguita).

En lo que a arqueología se refiere, Anguita no se agota aquí. En el lugar conocido como Las Navas, se hallan los restos del “campamento romano” de La Cerca (descrito ya por el Marqués de Cerralbo). El volumen de la muralla, aún apreciable, así como buena parte de los últimos estudios hechos sobre la zona, parecen indicar que el lugar fue poblado antes por los celtíberos, siendo, muy probablemente, un oppida o ciudad celtíbera. De la presencia romana en lugar quedan restos, como son el trozo de calzada y el puente romano-medieval sobre el arroyo del Prado.

Durante la Alta Edad Media, Anguita se vio sacudida por la inseguridad inherente al Medievo hispano, siendo tierra franca entre los dominios cristianos e islámicos. De esta última cultura, Anguita conserva su “símbolo” por antonomasia, la Torre de la Cigüeña, torreón vigía (“hisn”), que junto a la Torremocha, sita en el homónimo enclave del propio pueblo, formaba parte de una compleja red de defensa musulmana. También de factura islámica, hasta no hace tanto se conservaba un nevero, destruido al hacerse el camino que, siguiendo al río Tajuña, nos conduce hasta Luzón. Ya en época cristiana, y con motivo de no colaborar en la construcción de la catedral de Sigüenza, Medinaceli y el resto de lugares del Común de Villa y Tierra de Medinaceli, fueron excomulgadas (excomunión que sería revocada por la Concordia, y posterior Bula, del año 1197, siendo Papa Celestino III).

Tras el paso de estos convulsos tiempos, Anguita florecería como un lugar de especial importancia, y cómo no, dotado de una singular belleza que le daría, a su vez, privilegiada posteridad. En lo que al pueblo actual se refiere, las casas más antiguas del lugar parece ser que fueron las que se hayan camino de la Hoz del pueblo. De entre ellas, aún hoy en día, destaca la casa del antiguo curato de San Pedro, consagrándose a este santo, así mismo, la parroquia del lugar. La iglesia de San Pedro es un hermoso ejemplo de templo románico, en transición hacia el gótico (al respecto, pueden verse sus ventanas “austeras”, en relación con la hermosa bóveda de crucería que se alza sobre la cabeza del eventual, y privilegiado, visitante).

Pese al engaño en que nos pudiera hacer caer la nomenclatura, la “iglesia” oficiosa del lugar, que saluda a todo viandante desde lo alto de la lastra sobre la que se sujeta el núcleo del pueblo, es la, imponente, ermita de Nuestra Señora de la Lastra (virgen patrona de Anguita, y en cuyo honor se celebran las fiestas del lugar, primer domingo de Octubre). Si bien tiene una parte embrionaria románica, la mayor parte del templo es de más moderna construcción que la de San Pedro, debiéndose destacar de su interior la presencia de un valioso órgano fabricado por Martínez de Resa.

No siendo diferente al resto de pueblos de la región, Anguita tiene, en su acceso, una ermita, humilladero ermita de la Soledad, lugar donde, además de dicha virgen, se custodian los pasos de Semana Santa (destacándose, de entre estos, el Cristo del Sepulcro, por su hermosa talla y gran valor artístico). De este pequeño templo destaca su “doble puerta”, detalle extraño de encontrar en nuestra provincia, y que se asemeja al que se haya en su equivalente de Medinaceli.

Anguita posee una bella plaza mayor, en la que, además de diferentes casonas (de típica arquitectura serrana), se halla el palacete que, en la actualidad, hace las veces de Ayuntamiento del lugar. Fue dentro de él, antiguo pósito, cárcel y casa del recaudador de los Medinaceli, donde el 25 de Abril de 1813 se constituyó la primera Diputación Provincial. No es extraño que fuera Anguita un lugar de importancia, incluso, política. En este pueblo es donde se reunían las Juntas que representaban al Común de Medinaceli, habiendo llegado a ser Anguita, aunque por poco tiempo, cabeza de Partido Judicial.

Antes de alejarnos del lugar, si dejando la plaza atrás, subimos la calle del Desengaño, nos encontramos con la actual farmacia, situada dentro del complejo que, siendo creado en tiempos de los Austrias, hizo las veces de Hospital (institución de beneficencia), del cual se tienen registros hasta el año 1914.

Tanto Miñano, como Madoz, recogieron la importancia de Anguita como lugar de producción y manufactura de lana (la cual, según se tiene constancia, llegó hasta Francia, gracias a la acción de la célebre familia de mercaderes de los Ruíz). En Anguita hubieron diversos batanes, tintes y telares, lo cual dotó al pueblo de una especial prosperidad. Ya en tiempos contemporáneos, Anguita tuvo un prestigioso alfar, así como, en plena Post-guerra, tuvo la suerte de poder contar con una pequeña central hidroeléctrica.

Pese a que así lo sea, en no poca proporción, Anguita no es sólo historia, pasado, sino que tiene diferentes “mimbres” a través de los cuales poder fabricar “cestos” de prosperidad para un cercano futuro. La presencia del río ha hecho a Anguita poseedora de un patrimonio biológico y paisajístico de primer orden. Sin ánimo de extenderme desmesuradamente, diré que bien pudieran distinguirse dos ecosistemas extremamente opuestos: el Campo Taranz y la Hoz del pueblo, ambos lugares “hitos cidianos”. De hecho, en la Hoz del pueblo se halla la cueva del Cid, en la que, siguiendo el Cantar, eventualmente debió de pernoctar D. Rodrigo Díaz de Vivar.

Del Campo Taranz debiera destacarse la presencia del cambrón (de ahí el nombre del lugar) y de la sabina albar, así como de una de las poblaciones mundialmente más extensas de alondra de Dupont. En lo que a la ribera se refiere, siguiendo el camino a Luzón, nos encontramos con un enclave de la preciosidad paisajística de Peña el Águila, además de su evidente motivo para el nombre, fue en este notable desfiladero donde lucharon las tropas napoleónicas del General Hugo (padre del eminente escritor) contra la resistencia española.

No podemos finalizar este “resumen” por el que poder comprender lo especial del enclave sin antes citar la estancia de D. Santiago Ramón y Cajal en el pueblo, con motivo de poder gozar del aire puro de la zona, dada la pobre salud de su cónyuge. Fue en Anguita, también, donde nació Cesáreo Martín Somolinos, fundador de la homeopatía española.

En definitiva, Anguita es un reducto de paz especialmente querido por nativos y foráneos. Las diferentes casas que cada año se alzan así lo confirman, por más que, en no pocos aspectos, Anguita sea sierva de los tiempos actuales en cuanto a lo que a despoblación y falta de recursos del Ayuntamiento se refiere. De toda lo comarca de la Serranía, en más que probable que Anguita, tras Sigüenza, sea el lugar que atesora mayor historia, y ello debe reconocérsele con una atenta visita y un cariñoso saludo. Querido lector… ¿a qué espera para conocerla?

Más información en: Serrano Copete, Javier, “Una historia de Anguita: el pueblo y su entorno”, Guadalajara, Eds. Aache, 2008.