Cuando en el año 2005 iniciamos la andadura de este evento musical, una de las preocupaciones de los organizadores era cómo darse a conocer, habida cuenta de lo cara que resulta la publicidad, sobre todo en algunos medios como la radio o la televisión. Pues bien, este año y sin proponérnoslo, hemos podido comprobar que la cosa es más fácil de lo que parece; basta con que algún espectador reclame en taquilla porque no le gusta lo que ve o escucha y salta la noticia como una liebre que recorre emisoras de radio y TV, periódicos nacionales y de algún otro país como The Guardian de Londres o el New York Times –casi nada lo del ojo y lo llevaba en la mano–. Claro que justo es reconocer que algo tuvo que ver en este asunto la actuación de los agentes de la autoridad que, requeridos por los reclamantes y en el “ejercicio de sus funciones”, entraron en materia artística sobre lo que acontecía en el escenario; algo que cuando menos, resulta gracioso.
Convendría matizar que el incidente –por llamarlo de alguna manera– tuvo lugar en el espacio destinado a la taquilla, separado por unas mamparas, por lo que, excepto unos pocos de las últimas filas, los demás nos enteramos cuando nos lo contaron al final del concierto.
Si he de ser sincero creo que todo esto no debería ser ni noticia pero, ya que lo ha sido, hablaremos de ello. Ocurrió en el último concierto de los tres programados, es decir el del saxofonista Larry Ochs y Druming Core. Un quinteto que combina los sonidos del saxo tenor y sopranino, con trompeta, piano, sintetizador y la percusión de dos baterías. En esto que un espectador y sus dos acompañantes se personaron en taquilla reclamando la devolución del importe de la entrada porque aquello que sonaba no era jazz, por lo que se sintió estafado, además de que ese tipo de música no podía escucharla por “prescripción facultativa”. Como no conseguía su propósito, requirió los servicios de la Guardia Civil que se presentó casi de inmediato. Fueron atendidos por el Sr. Alcalde y el director artístico del festival, que dieron las oportunas explicaciones y al final todo se saldó rellenando un impreso oficial de reclamaciones.Y hasta aquí el relato de los hechos.
Son varias las cuestiones a tener en cuenta. Comenzando por la de “las pelas”, que yo sepa, el dinero no se devuelve en taquilla, ni en la Ermita de San Roque ni en El Liceo de Barcelona, y menos con semejantes argumentos. Creo que fue un detalle de mal gusto.
Lo de la prescripción facultativa, francamente suena a “cachondeo”. No se si existe en la actualidad algún fármaco que alivie de los efectos del free jazz, si acaso la valeriana puede ser muy útil en casos extremos, pero mejor consultar con el farmacéutico.
Lo de sentirse engañado o estafado son unos conceptos demasiado subjetivos. Uno puede sentirse engañado sin que nadie haya hecho tal cosa. En el caso que nos ocupa, no puede haber engaño alguno, cuando los músicos que actuaron son los que estaban anunciados, con información detallada en los programas de mano. Otra cosa es que se anunciara a Larry Ochs y hubieran aparecido en el escenario los Hermanos Anoz cantando jotas navarras.
Si entramos en aspectos artísticos, parece ser que este señor en cuestión tiene muy claro dónde comienza y dónde termina el jazz. Cosa bastante complicada, habida cuenta de que estamos hablando de un tipo de música que está en constante evolución, además de las diversas fusiones con otros estilos. No olvidemos que el jazz es un arte, sobre todo, creativo.
Si hacemos un sucinto repaso a su historia, veremos que desde el viejo Ragtime de finales del siglo XIX, y el Blus, hemos pasado por el llamado estilo New Orleans, Dixieland, Bebop, Cool, Free Jazz hasta nuestro jazz contemporáneo. Todos pueden ser escuchados y de todos podemos disfrutar en la actualidad. La cuestión consiste en elegir el sitio y el momento adecuado.
En cualquier caso creo que es importante saber escuchar cualquier tipo de música, con criterio, pero sin prejuicios (esto no es mío, lo he leído en algún sitio y estoy totalmente de acuerdo). Pero, si en definitiva lo que te gusta son las melodías de Benny Goodman o Glenn Miller, –muy bonitas por cierto–, siempre puedes acudir a los conciertos de la Big Band de Móstoles, que estoy seguro de que lo hacen muy bien.
Pero esta “pamplina”, no puede ensombrecer los tres conciertos, para ser más exactos cuatro, con que se cerró la V edición de Jazz Sigüenza.

Digital Primitives
El día 5 de diciembre actuó Digital Primitives, trío cuyo líder Cooper Moore hace un derroche de imaginación y capacidad para hacer música con instrumentos como el arco de diddley, flauta, arco de boca, –algunos fabricados por él mismo–, para terminar cantando. La verdad es que este hombre es capaz de hacer música con una caña de pescar. Completan el grupo Assif Tsahar con el saxo tenor y el clarinete bajo y en la batería Chad Taylor. Un concierto que deja claro lo que muchos músicos de este jazz contemporáneo experimentan con toda clase de instrumentos, sin dejarse llevar por ninguna norma sobre la forma de producir sonidos.

Brigada Bravo & Díaz
Al día siguiente hubo programa doble. La primera parte corrió a cargo del guitarrista Antonio Bravo y en la zanfona Germán Díaz, “Brigada Bravo & Díaz” es su nombre artístico. Interpretaron un repertorio, en clave de jazz, sobre canciones populares que se cantaban en la época de la guerra civil. Me resultaba difícil imaginar, en mi ignorancia sobre la zanfona, la cantidad de sonidos y matices que se pueden conseguir. La combinación de este instrumento con la guitarra, (que le da su punto de jazz) y la caja de música, llegó a trasmitir un cierto sentimiento de emoción, sobre todo en algunas canciones.

Ramón López y Daniel Humair
En la segunda parte vimos en el escenario a dos maestros de la percusión, el alicantino Ramón López a dúo con el suizo Daniel Humair, considerado como uno de los mejores bateristas de Europa. El ímpetu y corazón de Ramón López junto con la fantasía de Daniel Humair (de la técnica ni hablamos), hicieron del concierto una especie de diálogo de tambores y platos, en el que, durante una hora, se dijeron de todo.
Larry Ochs
Y como fin de fiesta, el martes día 7 le tocó el turno a Larry Ochs & Druming Core. Un concierto “raro”, entendiendo como tal, “poco frecuente y sobresaliente en su línea”, de los que despierta pasiones. De estos conciertos no sale nadie indiferente. Y es que no hay peor cosa que salir diciendo “bueno, no ha estado mal”. Es otra manera de hacer música.