Día de puertas abiertas en el Senado. En la plaza de la Marina Española una centena de personas espera, bajo una ligera lluvia, poder acceder al Palacio por la Puerta del Rey. Nosotros lo visitaremos también de la mano de Juan Antonio de las Heras (Sigüenza, 1957), uno de los senadores populares por Guadalajara de la IX Legislatura que aprovecha la salida en nuestra búsqueda para fumar un cigarro. Impecable traje gris con corbata de un verde optimista y en la solapa una insignia con el escudo de la Cámara Alta que solo llevan los senadores. Tras la preceptiva acreditación entramos en el “edificio noble del Senado”, como lo define De las Heras y comenzamos nuestro recorrido guiados por él. “Es el primer edificio parlamentario español que surge de las Cortes de Cádiz”, explica, “antes era un convento, el de los Padres Agustinos Descalzos, pero se habilitó en 1814 para transformarse en las Cortes de entonces”.
Gruesas alfombras amortiguan nuestros pasos mientras recorremos las dependencias del Palacio del Senado. En el salón de plenos medio centenar de visitantes sacan fotos mientras RNE hace un programa en directo. “Este Salón, que era la iglesia del convento, se utiliza poco. Solo en ocasiones a las que se quiere dar más solemnidad como la recepción de jefes de estado o la reunión de presidentes de Comunidades Autónomas”, cuenta nuestro guía. Numerosas salas se abren a ambos lados de los pasillos que recorremos y que reciben nombres del elemento que más las signifique. Así tenemos la sala Mañanós, porque tiene un par de cuadros de este pintor y en la que se reúnen los martes los órganos de gobierno de la cámara; la sala de Cuadros y la de Tapices, llamadas así por motivos obvios. En ellas se celebran las reuniones de las comisiones del Senado por lo que están habilitadas para ello con mesas y megafonía. Hay también un salón de los pasos perdidos como en el Congreso, aquí llamado de Conferencias, en el que se supone que los senadores podrían conversar para llegar a acuerdos y que hoy sirve para actos protocolarios. De sus paredes cuelgan enormes cuadros que en un estilo algo romántico recogen escenas históricas de nuestro país como la imponente “Rendición de Granada”. Hay más, algunas han sido bautizadas con los nombres de senadores asesinados por ETA en un póstumo homenaje a un compromiso con la democracia que les costó la vida.
Menos se utilizan los antiguos despachos de la presidencia, de recargada decoración, o la sala de lectura de la biblioteca, con un magnífico trabajo en hierro que la dota cierto aire parlamentario inglés y “a la que vienen investigadores que estudian el parlamentarismo español ya que aquí encuentran una completa bibliografía de más de 170.000 volúmenes”. Visitamos fugazmente las plantas superiores donde trabajan un buen número de funcionarios en despachos a los que no entramos. Si recorremos la Galería de Retratos de los Presidentes, donde podemos ver los solemnes rostros que a lo largo de estos dos últimos siglos han presidido la Cámara Alta.

Juan Antonio de las Heras en su despacho del Senado
A mediados de los 80 el Palacio del Senado resultó insuficiente para atender las necesidades de espacio que la Cámara requería por lo que se construyó un nuevo edificio inaugurado por el rey Juan Carlos I el 23 de septiembre de 1991. Los dos edificios están conectados por un largo pasillo que recorremos mientras conocemos el funcionamiento de la Cámara. “Ahora mismo somos 208 senadores elegidos por sufragio directo, universal y secreto y 56 senadores designados por las Comunidades Autónomas a razón de un senador por cada millón de habitantes. Así a Castilla-La Mancha nos corresponden dos, Fernando López del PSOE y Mª Dolores de Cospedal del PP, mientras que a Madrid le corresponden nueve. La próxima legislatura, como nuestra región ha superado los dos millones de habitantes, le corresponderán tres”.
Divididos por grupos políticos los senadores trabajan, al igual que en el Congreso, a través de Comisiones que son las mismas que los Ministerios. “Por cada uno se crea una Comisión Legislativa que trata de aprobar o consensuar todas las leyes que pasan primero por el Congreso de los Diputados y luego vienen al Senado. Aquí se realiza una segunda lectura para intentar que esas leyes salgan mejoradas”. Algo que se produce cuando hay consenso político entre las dos fuerzas mayoritarias. “Esto, en los últimos tiempos, es difícil”. Si no hay consenso el trabajo, muchas veces, no vale para nada. “Al existir mayoría minoritaria del PP en el Senado y del PSOE en el Congreso, las enmiendas que planteamos modificando una Ley son rechazadas cuando esta vuelve al Congreso”
Como la conversación la manteníamos en diciembre el ejemplo fue la Ley de Presupuestos Generales del Estado que, anunciaba de las Heras, “se vetará en el Senado y será sin consecuencias ya que la Ley volverá inmediatamente al Congreso donde se rechazará el veto con lo cual ese eterno papel de Cámara de segunda lectura se pierde”. Además de esa misión, segunda lectura de las leyes para modificarlas mejorándolas, siempre se ha dicho que el Senado es una Cámara de representación territorial “que tendría que tener un papel protagonista en los asuntos que afectan a entes territoriales como Ayuntamientos, Comunidades Autónomas y el propio Estado”. Al suprimir ese derecho a veto, el papel protagonista se ha perdido. Queda pendiente, siempre, una reforma del Senado. “El presidente actual, Javier Rojo, en su discurso de investidura estableció como prioridad dar una vuelta al papel que tiene el Senado como Cámara de representación territorial ya que como Cámara de segunda lectura, por la eliminación del derecho de veto, está vacía de contenido. Eso es lo que debe constituir porque no olvidemos que todas las provincias, independientemente de su población, tienen cuatro senadores elegidos por el pueblo”.

La biblioteca
Nuestro recorrido continúa en el nuevo hemiciclo que sorprende por su sobriedad. Realizado en madera, tiene espacio suficiente para todos los senadores y en cada escaño: botones (si, no, abstención y otro para confirmar la presencia) para las votaciones, un micrófono, auriculares y una pequeña mesa desplegable para poder apoyar los papeles. En la parte baja hay una bancada hoy vacía. Es donde se sientan los miembros del Gobierno cuando asisten a una sesión de control. Desde la parte superior, donde estamos y no dejan hacer fotografías, hay espacio para que el público acuda a las sesiones.
No podemos curiosear mucho porque ahora, en el hemiciclo, se desarrolla un debate. No debe ser importante porque apenas diez senadores lo siguen en su escaño. Juan Antonio nos lo explica. “Normalmente a la discusión que se desarrolla aquí solo acuden los senadores que tienen que intervenir. El trabajo se hace antes, en las Comisiones, y ahora es momento de votar el resultado y conclusión de esas Comisiones. Por eso a lo mejor, mientras hacemos la visita, suena un pitido que es la llamada para votar y es cuando todo el mundo baja corriendo. Cuando el presidente dice ‘cierren puertas’ y no has entrado ya no pasas y no puedes votar”, aclara.
Salimos por una de las puertas traseras a un pasillo semicircular con buenas vistas sobre la calle Bailén. Sus señorías lo llaman ‘la M-30’ y en los días de Pleno hace las veces de ‘salón de los pasos perdidos’ para encuentros informales que buscan acuerdos de última hora. “Al estar un tanto alejados del ruido mediático la relación creo que es mejor y más fluida que en el Congreso. Las cosas se pueden hacer con más calma y dejar las leyes más remataditas”. Y esta, ya hemos dicho, parece ser la misión de un Senador: mejorar lo que viene del Congreso. Un ejemplo de este día sería la Ley de Economía Sostenible que entonces se discutía. “Esta mañana el diputado José Ignacio Echániz me ha mandado la ley con un par de notas sobre artículos que afectan al tema municipal para que los lea con atención por si sobrepasan los límites que tiene el Estado respecto a las corporaciones locales. Así yo me lo miro y después hablamos a ver si se puede modificar aquí y que el cambio sea tenido en cuenta en el Congreso”.
Si un senador pertenece al partido que gobierna influir en la formulación de las Leyes es más fácil. Por poner un ejemplo muy local, puede lograr introducir una enmienda para aumentar la inversión para un proyecto que se desarrolla en su provincia. Si pertenece a la oposición su labor es, básicamente, de control al Gobierno. “Control en todas y cada una de las secciones presupuestarias de cada uno de los Ministerios, control de que las cosas que se anuncian se ejecuten en tiempo y forma y no se retrasen de forma perenne”. Esto se hace a través de preguntas que pueden ser concretas, ¿cómo va la ejecución de la obra de la N-320 a su paso por el Hospital de Guadalajara?, o de carácter general, ¿incidencia de la crisis en sectores en riesgo de exclusión social? Normalmente primero por escrito, “dirigidas al gobierno y que deben ser contestadas en dos meses con respuesta remitida por el Senado a tu domicilio”. Si pasa ese tiempo sin respuesta “puedes convertirla en pregunta oral en la Comisión respectiva y la haces directamente a un miembro del Gobierno que puede ser el propio Ministro, el Subsecretario, el Secretario de Estado o un alto cargo que ha de venir obligatoriamente a contestar aquellas preguntas que no lo han hecho por escrito”.
“Las respuestas, a los senadores de la oposición, suelen ser una larga cambiada que no dice mucho”, explica De las Heras. “El aprovechamiento que hacemos a través de una pregunta es la crítica política a la no ejecución de lo anunciado a bombo y platillo. Por ejemplo, ¿ejecución presupuestaria de las inversiones en la provincia de Guadalajara? Respuesta, el 28%. Pues oiga usted, deje de llenarse al boca de anuncios y del ‘voy a hacer’ porque a día 1 de diciembre la ejecución es solo del 28%”.

El Patio de los Naranjos
Salir al Patio de los Naranjos es como hacerlo a la calle pero dentro del Senado. Es un lugar donde estirar las piernas y, hasta hace poco, un sitio donde impenitentes fumadores echaban una caladilla. “Hasta que algún senador no apagó bien el cigarro, lo dejó en uno de los tiestos, la turba que tienen empezó a arder y el resultado ha sido una pequeña amonestación a todos para que dejemos de fumar aquí”. Alrededor de este patio se levanta un edificio de cuatro plantas con unas ventanas que parecen celdillas de una colmena. Allí están los despachos. “Cada senador tiene su despacho. Bien solos, que son la mayoría, bien con algún compañero, como es mi caso que lo comparto con la senadora por Guadalajara Mª Ángeles Font y en cada planta hay oficinas para los técnicos, los asesores y un gran servicio de fotocopias”.
Los despachos son austeros. Una mesa, un ordenador, un armario para los muchos papeles que se manejan y una televisión en la que se sintoniza el canal del Senado y se puede seguir lo que ocurre en el hemiciclo en directo. En los despachos individuales la diferencia la marca un sofá lleno de carpetas. “Los plenos suelen comenzar a las 9:30. Si hay alguna intervención que te interesa entras directamente al Salón de Sesiones para seguir el debate que muchas veces es muy instructivo tanto por los asuntos que trata como por la calidad de los senadores. Si tienes trabajo pendiente, porque hay que preparar alguna reunión, comisión o grupo de preguntas, subes a tu despacho y cuando tocan el timbre a bajar corriendo a votar. Y esto desde que empezamos hasta que terminamos, alguna vez a las 22:30, con un descanso para comer entre las dos y las cuatro”.
Los periodos de sesiones se establecen de febrero a junio y de septiembre a diciembre y las sesiones se celebran martes, miércoles y jueves cada 15 días. Las comisiones se celebran cualquier día de la semana y a cualquier hora dentro del periodo de sesiones. En el caso de Juan Antonio de las Heras, las comisiones de presupuestos, vivienda y administraciones públicas. “Es llevadero porque cada comisión legislativa está compuesta por 26 senadores. De nuestro grupo hay 12 en cada una y, lógicamente, el trabajo se reparte. En la de vivienda, de la que soy el portavoz adjunto, tengo más carga de trabajo al tener la responsabilidad de suplir, como ya ha ocurrido en varias ocasiones, al portavoz del grupo. En otras estoy solamente de vocal pero dada mi formación y experiencia en administraciones públicas y temas presupuestarios, intento aportar mis conocimientos en la medida de lo posible”.
En el Senado hay mucha libertad a la hora de trabajar y presentar iniciativas. Parece que cada uno hace lo que puede o lo que quiere y así lo demuestra la participación de los senadores. “El otro día lo repasaba y hay senadores que no han hecho ni una pregunta, ni interpelación ni comparecencia a lo largo de la presente legislatura. En mi caso, entre preguntas, interpelaciones y comparecencias, son cerca de 1.000 y no soy el que más lleva. Hay gente que lleva muchas más”.
Además del trabajo de control y lectura de las Leyes que se realiza en las Comisiones, en cada una se realizan una o más Ponencias de trabajo. En ellas se estudia y discute en detalle asuntos de lo más variado: desde la incidencia de la droga a la ley de la dependencia o, la que tengo yo en la comisión de vivienda en la que discutimos sobre las nuevas tipologías de viviendas para que ahorren energía y sean sostenibles. Por las ponencias pasan todo tipo de personas: catedráticos, representantes de colegios profesionales, sindicatos… se cita a todo el mundo que tiene algo que aportar, vienen aquí, nos reunimos en las salas que hemos visto y una vez que los miembros de la comisión deciden que acabe la ponencia se alcanzan unas conclusiones y si de ellas sale un proyecto de ley se tramita”.

Un momento de la entrevista.
Cuando se inauguró el nuevo edificio del Senado corrió el rumor de que tenía piscina cubierta y gimnasio, viendo la funcionalidad de todo y la ausencia de lujos uno lo duda y nuestro guía confirma esa impresión. “Lo de la piscina es un bulo. No hay ninguna. Al menos yo no la he visto aunque a lo mejor es solo para senadores que llevan más tiempo aquí”, comenta riendo. Nuestra visita termina en la cafetería del Senado. De nuevo sorprende la sobriedad. No hay oros, ni brocados ni mesas de maderas nobles. “Aquí es donde solemos comer salvo que tengamos visita. En la planta de abajo hay un comedor con un menú un poco más barato que en la calle y los senadores solemos sentarnos por circunscripciones. Los del PP de Castilla-La Mancha ya tenemos unas mesas reservadas que son las que solemos utilizar”.
Con una caña entre las manos recodamos que Juan Antonio de las Heras además de senador es Teniente Alcalde del Ayuntamiento de Guadalajara y Concejal de Urbanismo, Vivienda, Patrimonio y Contratación. “Lo compatibilizo lo mejor que puedo. No es lo mismo estar de Senador en el grupo político de la oposición que ser Teniente Alcalde del Ayuntamiento y concejal de materias arduas. Uno lo lleva lo mejor que puede pero me siento muy a gusto porque un político que se precie lo que pretende es gobernar y si gobierna en la primera ciudad de la provincia y si es con los medios económicos y técnicos que tiene el ayuntamiento de la capital pues es mucho más fácil porque tienes un presupuesto bastante digno y un buen número de funcionarios que te ayudan a desarrollar el día a día”.
“Lo difícil y la política con mayúsculas se escribe en los pueblos y pequeñas ciudades de Guadalajara. Lo meritorio no es ser primer Teniente Alcalde de Guadalajara, lo meritorio es ser alcalde o concejal de cualquiera de los 288 pueblos de la provincia de Guadalajara porque salvo alguna excepción no tienen los medios económicos ni técnicos y se convierten en ‘chico para todo’ que han de arreglar los asuntos más dispares”.
La charla continúa durante la comida, repasando la actualidad provincial, que sigue atento; comparando las obras de Madrid con las de Guadalajara; especulando que puede ocurrir en lo que queda de Legislatura y su incidencia en las próximas elecciones o de cómo anda “nuestra querida Sigüenza” como él dice entre otros asuntos que interesan a este político todo-terreno, funcionario de la Diputación en excedencia, que se encuentra igualmente a gusto en la batalla dialéctica y en la amena conversación.