Cada día tenemos ocasión de constatar la ceguera de los ciudadanos del mundo en el que vivimos. Y lo podemos hacer notando como el rebaño de ovejas está manipulado debido a la creciente ignorancia, o mejor dicho apatía y rechazo a saber y conocer. Todas las polémicas que ocupan las primeras páginas de los medios informativos no deportivos no tendrían razón de existir si en vez de quejarse de “mala información” o “desinformación” el ciudadano buscara adecuadamente información.
Un ejemplo de ello es el caso del Levonorgestrel, medicamento llamado vulgarmente “la píldora del día de después” y que tantas reacciones injustificadas ha suscitado en la opinión pública manipulada desde la primavera pasada hasta finales de septiembre. Debido a la cercanía que mantengo por mi actividad con jóvenes adolescentes y post-adolescentes, he querido profundizar este asunto que desde el primer momento me pareció, intuitivamente, ridículo.
He pensado entonces formular a diferentes profesionales las mismas preguntas: primero, qué significaba la “píldora” objetivamente en su respectivo campo de acción y trabajo. En segundo lugar les pedí su opinión, subjetiva, al respecto y sobre la polémica levantada en España y no en otros países de la UE que hasta nos podrían parecer más conservadores. Estas preguntas han sido formuladas a una ginecóloga, a un psicólogo-psiquiatra, a un catedrático de ética y a una operadora socio-cultural en centros de salud.
Según la ginecóloga, se trata de un método efectivo y seguro en cualquiera de sus dos presentaciones (1500 en dosis única o 750 más 750 en dos dosis a las doce horas). Sería oportuno, tratándose de todos modos de una bomba de hormonas, plantearse otros métodos en el caso de utilización frecuente, y por frecuente se entiende tres veces en poco tiempo. En caso de utilización esporádica, no hay otras repercusiones que no sean leves alteraciones del ciclo. La ginecóloga subraya que no es abortiva, como otros medicamentos que se podrían utilizar después de la fecundación. En algunas Comunidades se consigue gratis si es recetada, pero en otras su coste es de 18 €. Según la ginecóloga, el único problema ahora es su dispensación libre a través de farmacias y no en colaboración con el médico quién tendría que cuidar del paciente y su historial clínico, explicar objetivamente y aconsejar, prevenir antes de curar. Sin receta, entonces, pero bajo control médico. En muchas ocasiones este medicamento se toma arbitrariamente y, por desconocimiento, hasta en períodos en los que no sería necesario, como durante el ciclo menstrual. Resumiendo, según la ginecóloga, falta información y la que hay es mala información o desinformación. ¿Se puede considerar una medida preventiva? Seguramente. Una medida que tendría que estar presente siempre en cualquier casa.
Según el psicólogo y psiquiatra, tenemos que plantearnos antes unas preguntas clave: ¿Un menor es capaz de decidir (votar, abortar)? ¿Se puede establecer una edad para decidir? ¿Se puede decidir en qué consiste la madurez? La “píldora” según él es una solución extrema para algo que tendría que solucionarse antes, con una adecuada preparación hacia una madurez psicológica que evitaría la necesidad de tomar esta medida. Educación y madurez, capacidad de decisión (contradictoria e incongruente en nuestra sociedad). Se entra entonces en campo ético, no en relación al caso propuesto sino a nivel social global. Según él, la polémica política desencadenada demuestra la inmadurez del país. Si no fuera así, el Levonorgestrel no hubiera sido razón de ninguna polémica ni lucha política.
Según el filósofo, se trata de una discusión que no tiene lugar en el campo de la ética, y en bioética tampoco hay reacción negativa al respecto. Hay que considerar el concepto de vida humana, y tratándose de un medicamento anticonceptivo, no es razón de profundización ética o bioética seria. No hay ningún problema moral ni filosófico, el único problema es el religioso: a decir, si el acto sexual es para dar origen a la vida o no. Por lo tanto el problema en sí para el filósofo no existe, y no existe posibilidad de discusión. Si algún filósofo da una opinión sobre el tema, la da simplemente desde un punto de vista personal y subjetivo, desde luego no objetivo ni hablando “ex – cátedra”. La polémica ha sido generada por cierta jerarquía y no por filósofos, y utilizada por políticos de todos los bandos. Si se tratase bioéticamente “de la posibilidad de generar vida”, y admitir el acto sexual únicamente para ello, entonces se podría aplicar la misma polémica también al onanismo que tendría que estar prohibido y penalizado legalmente. La filosofía y la ética tratan exclusivamente de lo que se puede universalizar, la religión no (véase la diferencia entre ética global y ética universal). Diferente sería la discusión sobre un Estado que quisiera vetar la venta del producto, siendo entonces la discusión filosófica y/o ética sobre la “Ley”, no sobre el producto. Allí podrían entrar en campo los filósofos.
Según la operadora socia-cultural, la comunidad médica está dividida entre definir el Levonorgestrel anticonceptivo (entrando en ámbitos éticos) o abortiva (en ámbitos bioéticos). Si generalizáramos esta opinión a todos los médicos, y la comparáramos con la del filósofo, podríamos afirmar que los médicos no tienen ni idea de filosofía ni de los conceptos de ética y bioética. No creo sea así. Se nota de todas formas un conflicto directo con los valores de ellos mismos, conflicto reflejado en el mismo Código Deontológico Médico, Cap.VI “De la Reproducción”, en los art.25 (“el médico debe dar información”), y art.26 (“derecho a negarse por conciencia a aconsejar métodos de regulación y asistencia a reproducción”). Se entiende de cualquier manera que siempre los médicos tienen la obligación de informar, pero se pueden abstener si su conciencia (subrayo “su conciencia”, que no es su “ética”) se lo dicta.
A raíz de estas informaciones, me han surgido más preguntas: ¿por qué se puede conseguir gratis el Levonorgestrel en algunas Comunidades, pero no se puede conseguir gratis en las mismas la píldora anticonceptiva diaria? Y, por la misma razón, ¿no se tendría que dispensar gratuitamente también los preservativos? Socialmente la polémica ha sido planteada pensando en niñas y adolescentes, como si sólo ellas pudiesen concebir. ¿Por qué nadie planteó la posibilidad de utilización por parte de mujeres adultas, que hoy en día pueden concebir hasta edad avanzada con riesgos reducidos? ¿O su necesidad, en caso de peligro en el embarazo? El preservativo no es un medicamento: ¿por qué las Farmacias se pueden negar declaradamente o de forma incubierta en venderlo? Además es una medida preventiva contra el SIDA. ¿La prioridad entre “vida existente, tangible” y “posibilidad de engendrar vida” no está clara?
Con satisfacción he llegado más fortalecido a las mismas conclusiones a las que había llegado intuitivamente cuando estalló la polémica, cuando se utilizó este tema haciendo mucho humo para unos cuantos miles de votos. Y los verdaderos profesionales, quien son los que tendrían que opinar, siguen sin tenerse en cuenta, como habitualmente.
Estoy de acuerdo con la nueva Ley promulgada. Y me da igual si la ha hecho el PSOE, el PP o el Partido Protector de los Mosquitos Blancos. Pienso que la educación, la concienciación y la correcta información sobre este tema tardarán por lo menos una o dos generaciones en formarse, tal y como ya pasó en casos parecidos. Y eso dependerá de nosotros, padres y abuelos de estas futuras generaciones. Nosotros, que por desgracia en algunas ocasiones no tenemos todavía claras las ideas de democracia y de ética, ni la diferencia que existe entre libertad y anarquía. Políticamente y prácticamente no podemos permitirnos el lujo de esperar a que pasen años sin tomar medidas ahora mismo, aun que estas no sean hoy en día entendidas por la mayoría. La “píldora del día después” evitará embarazos no deseados, y por lo tanto también los tantos abortos legales e ilegales que son raíz para la mujer de problemas psicológicos ineludibles y en muchos casos sin solución. Esta es una prioridad. No existe ninguna discusión ética o filosófica al respecto, y el término “ética subjetiva” no está contemplado en el vocabulario filosófico, más bien es utilizado erróneamente en algunas ocasiones en nuestro lenguaje callejero. Empecemos a utilizar bien las palabras, y a hablar de conciencia y no de ética subjetiva. Personalmente, en mi conciencia, no estoy de acuerdo con el art. 26 del Cap. VI del Código Médico visto que para mi el médico cumple una función indispensable en nuestra sociedad y a ella se debe. Antes está la responsabilidad del cargo, y después la conciencia de cada uno. Existen una conciencia, unos valores personales. Pero de ética hay una sola, y no es personal. Es la del Bien común. Es la del Estado. Y el Estado somos todos nosotros.
El Estado se tiene que basar sobre ella, en continua evolución, para conseguir el Bien común, tal y como decía Aristóteles.