Con carga eléctrica y sin carga eléctrica, los protones y los neutrones se pasean por nuestra geografía nacional y provincial, buscando un sitio donde descansar. Uno de los grandes debates de las últimas semanas –y mira que hay muchos– es el de la apuesta o no apuesta por la energía nuclear. La ATC (Almacén Temporal Centralizado) nos vuelve a coger, por falta de información, con el paso cambiado, un tanto desprevenidos y sin argumentos suficientes para actuar. Hasta el nombre elegido par llamar al cementerio nuclear –almacén de residuos nucleares, según otros– parece un homenaje al despiste y a la confusión.
Habría que hacer un sondeo entre la población española para darse cuenta de las pasiones –y confusiones– que puede despertar el Almacén Temporal Centralizado, por el que pujan una docena de municipios españoles, entre ellos el pueblo de Yebra (Guadalajara). Este sería un ejemplo, no demasiado científico, de la opinión de un paisano al que Dios no le llevó por el camino de la emigración.
– ¿A usted le gustaría que instalaran en su pueblo la ATC?
– Pues, hombre, si no cuesta dinero… Todo lo que sea instalar algo para que el pueblo tire ‘palante’ y no desaparezca me parece que está bien. ¿Qué quiere que le diga? Y ¿cómo ha dicho que se llama esa empresa?
– ATC, que quiere decir Almacén Temporal Centralizado.
– Ya. ¿Y qué es lo que van a meter en ese almacen? Porque aquí la verdad es que se produce poco grano, y además ahora se lo llevan en camiones nada más cosechar.
– En ese almacén –le explica el técnico al paisano– guardaríamos los residuos que generan las centrales nucleares en nuestro país, incluída la de Trillo, que queda aquí al lado. Necesitamos, verá usted, guardarlos de forma temporal y centralizada, para no tener que llevarlos a Francia, que pilla más lejos y además nos cobran mucho por el alquiler. Aquí les pagaríamos trescientos millones de euros por la cesión del terreno y siete millones de euros anuales por el alquiler.
– Espere un momento, que lo traduzco en pesetas… Pero, ¡madre mía que cantidad de dinero! No me estará usted tomando el pelo…, que arreo un garrotazo.
– En absoluto, es un proyecto muy ambicioso que cambiará la vida de este pueblo.
– Si la cosa va en serio, y es usted hombre de palabra, ahora mismo convoco al Genaro y a los cuatro vecinos de la calle de arriba para firmar. Y entonces, ¿estos cientos de millones quién lo paga? ¿La ATC esa? Pues, una pena que haya cerrado la cantina porque esto, “mecagoencrista”, demanda un buen alboroque.
Situaciones como la descrita, o similares, podrían repetirse en muchos núcleos rurales, donde todavía resisten y sobreviven personas con indudable sabiduría natural, pero sin la información necesaria. Un Almacén Temporal Centralizado puede ser cualquier cosa, para un paisano y hasta para un ingeniero. La definición es ambigua.
Se juega con las palabras, para no decir la verdad. No es lo mismo hablar de “un almacén temporal centralizado”, ocultando la mercancía que se albergará dentro, que decir simple y llamamente “un cementerio nuclear”.
El abuso de ese lenguaje político que distorsiona la realidad y que se empeña en no llamar a las cosas por su nombre provoca una enorme desconfianza entre los ciudadanos. Y, lo que es peor, la sensación inevitable de que nos quieren tomar el pelo. Del eslogan “Nucleares no, gracias” hemos pasado a “la necesidad de un amplio y serio debate sobre el futuro energético de este país”, como reclaman algunos dirigentes políticos.
Pero lo más curioso del caso es que los dirigentes que demandan ese debate no están técnicamente preparados para afrontarlo. Ellos son esclavos de los votos y pueden estar a favor o en contra, dependeniendo de la corriente de opinión que exista en cada momento. Si las encuestas dicen que a la mayoría de los ciudadanos le preocupan los riesgos de la energía nuclear, pues se quedarán cruzados de brazos. Que les dicen que ese miedo ya no existe, y que estamos ante una energía barata, limpia y segura, pues se acabó la moratoria nuclear y la apuesta por otras energías alternativas.

Los votos –el disputado voto del tío Cayo, con permiso de Miguel Delibes– son determinantes a la hora de afrontar los grandes retos de este país. Mientras en otros países todos dicen lo mismo, estén en el gobierno o en la oposición, aquí un político puede decir en un sitio una cosa y la contraria en otro, y da lo mismo que esté en el poder o fuera de él.
Que se lo digan, si no, al ahora presidente de la Generalitat, José Montilla, a María Dolores de Cospedal (secretaria general del PP por la mañana y por la tarde presidenta de ese mismo partido en Castilla-La Mancha) y a muchos dirigentes regionales, que se abstienen de seguir las directrices nacionales de sus respectivas formaciones políticas, para intentar así ganar votos en su circunscripción. La epidemia de hipocresía política que estamos viviendo en España ha quedado meridianamente retratada durante la presententación de candidaturas para la ATC. Los ingenieros pueden tener más y mejor información, pero están callados, porque tampoco les dejan asomarse a los medios de comunicación. No interesa su opinión en medio del debate político nuclear, pues les pondría en evidencia.
– Bueno, hombre, bueno. ¿Cómo dice que se llama la empresa esta que lleva lo de ese almacen centralizado?
– ATC, que son las siglas de Almacén Temporal Centralizado.
– Pues, si le parece a usted, y para no perder tiempo, llame al jefe de ATC y le diga que firmamos ahora mismo el contrato, convocamos a hacendera y ensanchamos los caminos para que entren mañana mismo las máquinas y los camiones. Y se acabó el problema.
– Así da gusto, pero tendremos que esperar a que se lleve a cabo un “serio y amplio debate”, pues estamos ante una decisión de gran transcendencia y calado, o lo que es lo mismo ante un Asunto de Estado. Además, hay que llevar a cabo estudios geológicos y geotécnicos del terreno y un detallado informe medioambiental.
– Ya, ya… Osea que nos iremos todos al cementerio, antes de que ustedes nos pongan ese otro cementerio nuclear.
– Pues mucho me temo que sí, aunque le veo a usted hecho un chaval.
– Oiga, y usted que sabe tanto, ¿es verdad que el Real Madrid quiere fichar a Di Stéfano de lateral?
– No sé de qué me está hablando, pero me cae bien y hablaré con Florentino para que ACS les arregle la iglesia y el cementerio.
– A ver si es verdad. Porque cuando quieran ponerse ustedes de acuerdo para instalar ese almacén o “cementerio nuclear” yo estaré ya en el otro cementerio. Y sin rechistar.
Esa es la pura y dramática realidad.