Por: Julio Martínez

Vaquillones. Foto: José Antonio Alonso

Cuando se habla de Carnaval, mucha gente piensa en los desfiles y festivales de Brasil o Canarias. Otros se imaginan las chirigotas gaditanas, mientras que a algunos estas fechas les evocan los bailes de máscaras venecianos. Sin embargo, no hay que irse tan lejos para disfrutar de propuestas por todo lo alto. Guadalajara siempre ha sido una provincia en la que estas festividades se han desarrollado por todo lo alto. No pocos pueblos cuentan con tradiciones únicas en España, muchas de las cuales están declaradas de interés turístico.

Una de ellas se desarrolla en Villares de Jadraque, un municipio serrano emplazado en las faldas del Alto Rey. En esta localidad se enorgullecen de haber conservado una cita centenaria: los vaquillones. Se trata de una celebración que ni siquiera se dejó de realizar cuando el franquismo decretó, el 3 de febrero de 1937 –en 1939 se extendió la orden a toda España–, la prohibición de los eventos en los que apareciesen disfraces y antifaces. “Ésta es una fiesta tradicional que se ha hecho incluso cuando no estuvo permitida durante la dictadura” rememora José Antonio López, presidente de la asociación cultural de la localidad, organizadora de la iniciativa.

De esta forma, el sábado previo al miércoles de ceniza, un grupo de vecinos del pueblo –entre siete y 12, según el año– recorren las calles de Villares ataviados con una llamativa indumentaria, en la que destacan las amugas que portan en sus hombros. Se trata de “unos arcos donde se llevaba antiguamente la leña y la mies”, en cuyo extremo delantero se pueden distinguir unos cuernos de vaca, mientras que en el de atrás se cuelgan una serie de cencerros.

A esto se añade que los protagonistas de la fiesta portan unas capas rojas, arpilleras que les tapan las caras, así como unos sombreros de paja, pantalones de pana y albarcas. Estos dos últimos elementos se intercambian entre los participantes para que no sean reconocidos por sus vecinos. Además, en la boca llevan un chiflo compuesto a base de vejiga de cerdo que emplean para comunicarse entre ellos.

De las funciones que tienen los vaquillones, destaca la de perseguir a la gente –especialmente a las mozas– por la localidad. “Antiguamente daban la cencerrada al concejo, que los invitaba a vino para así seguir correteando por las calles” explica José Ramón López de los Mozos en su libro “Fiestas Tradicionales de Guadalajara”, publicado por la editorial Aache (2000).

Un grupo de vaquillones

Los zorramangos también cuentan
Unos personajes que acompañan a los vaquillones durante el Carnaval de Villares son los zorramangos, que consisten en una serie de vecinos de la localidad que “se visten con ropa antigua y que no enseñan las manos para no ser reconocidos”. Asimismo, portan unas caretas de diferentes representaciones y su objetivo es animar la fiesta. “Actúan según su libre albedrío y sin uniformidad con el resto en lo que toca a la vestimenta” subraya López de los Mozos en su obra.
En la actualidad, la celebración tiene lugar en Villares durante el sábado de Carnaval. A mediodía, la asociación ofrece a todo el que quiera unas migas serranas. “Normalmente, la salida de los vaquillones es después de comer” indica José Antonio López. A esta aparición en el pueblo se suma otra el día anterior en Guadalajara, donde tiene lugar el pregón que da comienzo a estas fiestas de invierno en toda la provincia.
En la actualidad, la mencionada tradición de Villares se encuentra declarada de Interés Turístico Provincial debido a su gran valor cultural y a la raigambre que cuenta entre los vecinos. A pesar de ello, todavía no se ha planteado hacer una petición a la Junta de Comunidades para que ascienda dicha calificación a regional.
La celebración se encuentra impulsada por la asociación cultural de la localidad –es la que corre con todos los gastos– mientras que el Ayuntamiento presta su ayuda en la medida de sus posibilidades.

Membrillera y Robledillo de Mohernando

Aunque los vaquillones de Villares son los más conocidos, hay otros municipios de Guadalajara que cuentan con festividades parecidas. Es el caso de Membrillera y Robledillo de Mohernando que, al igual que en la población serrana, se tratan de citas propias de Carnaval.
En Robledillo de Mohernando los jóvenes se visten íntegramente con arpilleras y también portan unas amugas, en cuyos extremos delanteros hay colocados dos cuernos, mientras que en los traseros aparecen los cencerros. “Su principal misión consiste en topar a los concurrentes” aclara José Ramón López de los Mozos en su libro de “Fiestas Tradicionales de Guadalajara”.

También se debe referenciar a Membrillera, donde los protagonistas de la cita “llevan el cuerpo cubierto por dos amplias sayas de distinto color, predominando el amarillo, rojo, azul y negro, una desde el cuello y otra a la cintura, que dejan asomar unas albarcas o el calzado cubierto con sacos” señala el experto en su libro “Guadalajara, Fiesta y Tradición” editado por Nueva Alcarria (2005). “Cubren la cabeza con un pañuelo amplio y la cara con una máscara” continúa.  “Por la cintura asoman unos grandes cuernos de toro y del cuello pende un collar de campanillas o cencerros” agrega. Al igual que en los ejemplos anteriores, su función consiste en perseguir a todos los presentes, especialmente a niños y mozas.